© 2016 AEPREPOL

  • Twitter Social Icon
Buscar
  • Admin

El aumento de los suicidios entre la policía causa alarma en Francia


Nadie se atreve a establecer una conexión directa, pero es un hecho que la crisis de los chalecos amarillos ha coincidido con un aumento alarmante de los suicidios entre las fuerzas de orden público de Francia. Un total de 26 agentes –24 policías y dos gendarmes– se han quitado la vida desde primeros de año.


Las autoridades francesas niegan que haya una relación directa entre los suicidios y las manifestaciones

La situación ha llevado al ministro del Interior, Christophe Castaner, a anunciar la creación de una célula de alerta de prevención de suicidios, al frente de la cual ha sido nombrada una especialista en recursos humanos de la Inspección General de la Administración. El objetivo es elaborar un plan de acción para detectar las causas del problema y realizar una labor preventiva eficaz. “La policía y la gendarmería no están enfermos de suicidio”, subrayó Castaner, quien insistió que no se trata de “una fatalidad” que deba aceptarse sino de algo sobre lo cual debe actuarse para poner remedio en lo posible.

Los suicidios entre policías son un fenómeno que se arrastra desde hace mucho tiempo. Un año negro fue 1996, con 71 casos. Las causas desencadenantes son muy diversas: el estrés, los horarios, la difícil conciliación familiar, el desprecio social que a veces sufren, la escasa remuneración, el fácil acceso a las armas de fuego.

Con ocasión de la revuelta de los chalecos amarillos, los sindicatos policiales han denunciado la enorme sobrecarga que sufren algunos cuerpos, ya bajo mucho estrés, desde hace unos años, por la amenaza terrorista. Semana tras semana –y son ya 22 consecutivas, desde el pasado 17 de noviembre–, decenas de miles de agentes –hay días que más de 100.000– se han desplegado cada sábado en todas las grandes ciudades francesas para hacer frente a manifestantes a veces muy violentos y que no esconden su odio a los flics (policías, en lenguaje coloquial) y su voluntad de hacerles daño.

Los agentes del orden son identificados con el Estado y objeto, por tanto, de la cólera callejera. Se han sentido atacados por el uso de medios expeditivos, como balas de goma y granadas ensordecedoras de gran potencia, para hacer frente a las protestas. Pese a las críticas, es casi un milagro –y una muestra de la profesionalidad de la policía– que no haya habido muertos en las múltiples manifestaciones y enfrentamientos, salvo una anciana, en Marsella, que fue alcanzada por una granada en un ojo, cuando cerraba las persianas de su balcón. La mujer falleció como consecuencia de la intervención quirúrgica posterior a la que fue sometida.

Según Castaner, no hay un vínculo claro entre la reciente epidemia de suicidios y la insurrección amarilla, pues los más afectados no han sido los cuerpos antidisturbios sino otras unidades. No obstante, la crisis sí ha agravado el sentimiento de un colectivo a menudo víctima de menosprecio, al verse obligado a realizar el trabajo sucio de los políticos, y eso afecta a la autoestima.


Eusebio Val | París, Corresponsal La Vanguardia

0 vistas